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domingo, julio 26, 2026
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Logística, rescate y traducción: el apoyo de tres amigos yaracuyanos en La Guaira

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Las manos solidarias de los yaracuyanos han llegado de muchas formas hasta el estado La Guaira, esto tras los devastadores terremotos del 24 de junio. Unas de tantas fueron las de un grupo de amigos, que decidió ir hasta el litoral para prestar su apoyo como rescatistas voluntarios en la zona del desastre.

José Medina (estudiante de Contaduría), Robinson González (fisioterapeuta) y Johstyn Jiménez (estudiante de Medicina Veterinaria) viajaron a los pocos días de la tragedia desde San Felipe a La Guaira; no tenían mucho presupuesto, pero sí ganas de ayudar.

En el proceso de organización del viaje lograron unirse al equipo del restaurante Bogo, una iniciativa privada de Barquisimeto que viajaba para instalar una cocina industrial en el litoral.

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Contaron que el día de la salida, en el Terminal de Pasajeros de San Felipe, se enteraron de que el transporte que los recogería se había desviado por la vía de Nirgua. «Aunque muchos se habrían desanimado, nosotros decidimos seguir adelante», comentaron.

Viajaron haciendo escalas, de San Felipe a Valencia y luego a Caracas, con el dinero justo. «Nos tocó negociar pasajes con los choferes explicándoles que nos dirigíamos como equipo de contingencia a apoyar«. Al llegar a Caracas, lograron reunirse con el equipo del restaurante y viajar a La Guaira.

Allá, se establecieron en Catia La Mar, pero lo que inició como una labor de apoyo en la preparación de alimentos cambió rápidamente; rescatistas que estaban en la zona del desastre, al escuchar que ellos querían colaborar, los trasladaron hasta las áreas más críticas.

Al inicio, todo el equipo prestó el apoyo en labores de contingencia y remoción manual de escombros para abrir paso a la maquinaria pesada y a los equipos de Protección Civil. Posteriormente, cada uno de ellos puso en práctica sus habilidades. 

Johstyn Jiménez, por sus conocimientos en fármacos, fue asignado a la organización y distribución de insumos médicos. Luego sirvió como paramédico junto a la comisión de bomberos e incluso prestó apoyo como traductor para la delegación internacional de auxilio proveniente de Vietnam.

José Medina y Robinson González continuaron desplegados junto al equipo de cocina, encargándose de la logística de distribución de desayunos y almuerzos en Playa Verde, primordialmente a los cuerpos de rescate y a los campamentos de refugiados más alejados.

Aseguraron que es difícil contar a detalle todo lo que vivieron; sin embargo, coincidieron al decir que la mayor huella la dejó la fortaleza de los propios damnificados.

«Muchos de ellos estuvieron en primera línea sacando los cuerpos de sus familiares. Las personas afectadas dejaban todo para ayudar«, contó Jiménez.

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El joven estudiante de Medicina Veterinaria dijo que lo que más le impactó fue ver a un operador y dueño de las propias retroexcavadoras y camiones, también residente de La Guaira. «Tenía lesiones en ambas rodillas y un esguince, no quiso descansar y luego de un analgésico administrado por los vietnamitas, se fue a seguir con la labor que venía haciendo desde el día uno».

«Como experiencia y enseñanza nos queda la resiliencia y humanidad del pueblo venezolano, Protección Civil, bomberos, voluntarios, empresas privadas, tanto nacionales como internacionales y quienes junto a sus colaboraciones y contribuciones, tanto dentro como fuera del estado, movilizaron una gran cantidad de recursos materiales y humanos, trabajando de forma coordinada y unida por un mismo objetivo: ayudar«, dijo José Medina.

“Me uní de lleno a las labores de contingencia y logística con el equipo de cocina. Nos dedicamos a preparar y llevar desayunos y almuerzos a los puntos más vulnerables, priorizando a los campamentos de refugiados más alejados en zonas como Playa Verde, donde la ayuda apenas llegaba, así como al personal de rescate”, contó Robinson González.

Aseguró que, más allá del cansancio y las dificultades para llegar, «este viaje me demostró de qué estamos hecho cuando nos unimos por una causa justa. Vi a voluntarios, rescatistas y comunidades enteras levantándose hombro a hombro en medio de la adversidad. Entendí que la solidaridad no requiere de grandes recursos, sino de la voluntad de estar ahí, escuchar, mover escombros y tender una mano al que lo necesita», destacó.

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