spot_img
miércoles, abril 8, 2026
InicioOpiniónWilliam López...Un reino en el jardín

William López…Un reino en el jardín

- Publicidad -

Los cronistas hablan de los esclavos y afirman que el esclavo tiene un sueño recurrente. Ese sueño consiste en que cada amanecer es un hombre libre. Lo triste no es el sueño, sino que al despertar ¡sigue siendo un esclavo! En los diarios escritos por presos, se cuenta que el privado de libertad, al despertar en la mañana, se cree un hombre libre y sufre al ver la cruda realidad: ¡Sigue siendo un preso!

En la especie humana, siempre hay sueños recurrentes de la persona impedida que generalmente coincide en que la causa del impedimento que padece no existe, cuando en la realidad esta continúa vigente y existiendo. Quien sueña desea que sus sueños, si son buenos, se materialicen en su beneficio.

Soy amante de la jardinería. Suelo cultivar plantas, en particular las que adornan los jardines. Me agradan las flores y, por supuesto, la diversidad de colores que las caracteriza.

Existen especies favoritas que me gustaría tener en mi jardín. Estos gustos constituyen deseos que no se apartan de la mente. Tengo un anhelo ininterrumpido por lograr una matica llamada “Bella a las once”, que sea de color blanco. La he buscado en muchos lugares y he tratado de obtenerla de muchas personas sin que se haya obtenido un resultado positivo.

Cierto día, en la casa de una familia amiga, me sorprendió gratamente el ver en una ventana las expresadas flores de color blanco. Realicé un comentario favorable a ellas tratando de lograr que me ofrecieran una ramita, y los anfitriones se miraron y ninguno exteriorizó respuesta.

Así continuó mi sueño. Cierto día de febrero de este año 2026, un ser especial, de esos enviados por Dios, al verme me saludó afectuosamente y me dijo: “Este es tu regalo de Carnaval”; entregándome una ramita frágil de “Bella a las once”. Agradecí el gesto y, apenas se despidió, ingresé a la casa, busqué un recipiente con tierra e introduje en él la ramita. Agregué suficiente agua y, como dice un amigo agricultor, la dejé en las manos de Dios.

La ramita se adaptó a su nuevo hogar, comenzó a ofrecer un abundante follaje, y al final de sus ramas brotaron unos botoncitos poéticos, tiernos. Eran niños recién nacidos que salían del interior de su madre a conocer el mundo.

Un día de marzo, temprano en la mañana, revisaba las matas del jardín y surgió una agradable sorpresa: la frágil ramita original se había convertido en varias ramitas, y al final de las mismas habían brotado una especie de pequeños botones de color blanco. Aquello me dio una alegría; callé y decidí esperar.

Tres días después, salí temprano a realizar diligencias y regresé a eso de las 11:00 de la mañana. Me acerqué a ver las ramitas y presencié lo que es la magia de la naturaleza: una serie de pequeñas flores color blanco destacan en lo que antes eran unas ramitas insignificantes.

Su belleza es indescriptible, su presencia es similar a aquellas princesas que nos muestran los inolvidables “Cuentos de hadas». Su color blanco era brillante; de ellas nacía una luz muy clara que las convertía en hermosos ejemplares del reino vegetal.

Así se materializó un sueño. Un sueño puro, poético, que me hizo recordar a Penélope, cuando después de 10 años de espera, se mantuvo fiel a su esperanza en el regreso de su esposo, y un día Ulises, su rey y marido, regresó a Ítaca, asumió el trono y reinaron felices. Ella y él en su país y las florecitas color blanco en su jardín.

Leer también: El Grupo Escolar José Tomás González de Guama

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Últimas entradas

lo más leído

TE PUEDE INTERESAR