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lunes, abril 6, 2026
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Tras las huellas de mis pasos…Libranos del mal

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En el Salmo 5, el Rey David clama a Dios: “Mi Rey, mi Dios”. “Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré”, Sal 5:3. “Mi Rey”, porque es el único que puede ayudarle, y mi Dios, porque es el único, todopoderoso que puede hacerlo. Como lo hacía el Rey David, hagámoslo nosotros, imitémoslo, reconozcamos que Dios es único, bueno, omnipotente, el rey de reyes, rey de todos nosotros.

El Rey clama al Creador todos los días, por la mañana: “Oh, Hashem, de mañana oirás mi voz, de mañana me presentaré a ti, y esperaré».

Pareciera que este salmo lo hizo al siguiente día después de haber hecho el salmo cuatro, porque el salmo cuatro habla de dejar los problemas del día para después y descansar.“Por la mañana, lo primero que hago es llamarte”.

David busca al Creador para iniciar la jornada juntos, reconoce al Creador como rey y Dios. El salmista reconoce la autoridad de Dios, único, que puede desenmascarar la mentira de los impíos y le pide a Dios que allane su camino.

Lo hace temprano, al levantarse, y así aguardará todo el día; lo hace con fe. Nos enseña que Dios es nuestro escudo, es escudo que protege a quienes guardan su nombre: “El Señor es el que juzga y salva”.

El salmista busca refugio divino contra enemigos mentirosos y engañadores, confiando en la misericordia de Dios. David nos enseña a que reconozcamos a Dios, porque él no es como los dioses de otros pueblos, dioses que eran o siguen siendo sanguinarios, sedientos de sacrificios humanos.

“Esa maldad que radica no puede habitar contigo” (mi Dios). “Los insensatos no estarán delante de tus ojos, aborreces a todos los que obran iniquidad” (Sal 5:6). Y en forma determinante asume ante Dios: “Destruirás a los que hablan mentiras. Al varón de sangre y engaño abominará Hashem”, Sal 5:7.

Y David acá, se salta ante los enemigos, aquellos a quienes Dios aborrece y promete: “Y yo, en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa, adoraré hacia el Santo Templo tuyo con tu temor”, Sal 5:8.

Reconoce ante Dios que ellos son tontos y que él es todo lo contrario: “Mis ruegos no son egoístas ni tienen intenciones de maldad”. También David le dice al Creador: “Guíame, oh HaShem, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino”, Sal 5:9.

David le dice al Creador que luchará contra los malvados, contra los perversos que son como las abejas que llegan, pican y mueren, que hieren solo por herir. Es que, de esa manera, pulula la gente mala. Así encontramos en la historia sucesos como la Revolución Francesa que acabaron con el terror revolucionario y resultaron peores, usaron la guillotina. Abundan casos. Señor Libranos del mal.

Leer también: La paz sea contigo

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