En 1978, Willie Colón y Héctor Lavoe soltaron un pregón que hoy nos cae como anillo al dedo: «¡Entren que caben 100!». Aprovecho estas líneas para rendirle un sencillo y respetuoso homenaje al maestro Willie Colón y recordar al eterno Héctor, porque esa frase no es solo salsa, es la clave que nos convoca y la política que hace falta hoy.
En Venezuela estamos viviendo una cosa propia del realismo fantástico. Mientras la gente está pasando las de Caín para estirar el sueldo, sobrevivir a los bajones de luz, la indiferencia del gobierno interino con los venezolanos presos injustamente, la diáspora con los pasos perdidos por el mundo, en la política opositora ha salido una plaga de los «savonarola morales».
Tipos que se creen los dueños del «opositómetro» y se la pasan repartiendo carnets de quién es opositor de verdad y quién no. Si no haces lo que ellos dicen, te tiran los leones por redes sociales, te llaman «alacrán» o «vendido» y pretenden borrarte del mapa. Ese jueguito de estarse descalificando bajo cualquier pretexto es, hablándolo claro, un regalo para el Gobierno.
Los hermanos Rodríguez deben estar muertos de la risa viendo cómo la oposición se canibaliza solita. La estrategia de ellos es dividirnos, y nosotros les estamos haciendo el favor gratis. El purismo ese de «yo soy el único puro y los demás son unos vendidos» no es más que una trampa para que el autoritarismo se quede pegado en la silla por otros 30 años más; aquí nadie sobra.
Frente a esos que quieren achicar el espacio para mandar ellos solos, nosotros respondemos con el estribillo de la canción: «Entren que caben 100, 50 parados, 50 de pie…». Ese es un simbolismo clarito: en esta lucha no importa si estás en la primera fila o apoyando desde atrás, si eres de un partido viejo o de un movimiento nuevo, si estás en la calle o gestionando en una Alcaldía.
Si el objetivo es salir del foso y recuperar la democracia, aquí cabemos todos. La unidad no es que todos pensemos igualito (eso sería un fascismo), la unidad es que todos empujemos para el mismo lado.
Ya basta de que cuatro señores en un laboratorio digital decidan quién puede luchar por Venezuela. El país real no te pide el «pedigrí» para marchar contigo o para defender un centro de votación. Lo que pide es seriedad y que dejen de tirarse piedras entre hermanos mientras el de enfrente se aprovecha.
La propuesta es sencilla: guarden el insulto, guarden el ego y abran la puerta. Vamos a sumar voluntades en vez de estar restando gente. Porque para derrotar a este sistema, como dice la salsa, necesitamos a toda la orquesta completa.




