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jueves, enero 15, 2026
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Luis Tesorero…Panes con denominación de origen

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En todo el país existen los panes distintivos de cada región que, agrupando ingredientes especiales, métodos de preparación únicos y sabores característicos, se convierten en símbolos culinarios inequívocos.

Desde el clásico pan andino, pasando por la acemita tocuyana y la canilla caraqueña, cada región y ciudad tiene su emblema con sabor a pan. Lo difícil, mas no imposible en todos los casos, es encontrar uno con especial personalidad, con aspectos que le permitan distinguirse aun de sus homólogos.

Esa distinción entre iguales, la “denominación de origen”, cuando es reconocida y registrada de forma oficial, es para el consumidor una certificación de la calidad del producto, de su origen geográfico, reputación y características exclusivas en cuanto a materias para su preparación, mano de obra, autenticidad, poseedor de vínculos innegables con su origen y de su valor cultural.

En el municipio San Felipe existen, al menos, tres de esos panes con características y personalidad definida; haciéndose acreedores, eventualmente, a una “denominación de origen”. El primero es el pan mojicón hecho por la familia Sequera en la panadería “La Sucreña”, ubicada en la sexta avenida. Es un pan que está en el justo punto entre lo dulce y lo salado y el único con marca registrada. Muy bien, pasa como acompañante del café a media tarde. Es interesante que el origen del nombre de este pan sea una historia poco conocida.

El siguiente producto de panadería que puede distinguirse por su aspecto, olor y sabor es, por supuesto, el golfeado hecho en la panadería “Imperial”, ubicada a la entrada de Cocorotico, a orillas de la Carretera Panamericana.

Ese pan define al sanfelipeño fuera de su pueblo, pues la expresión “no sabe igual” es lo que dicen cuando prueban un golfeado cualquiera en otra parte del mundo. Este golfeado no puede ser confundido con otro de donde quiera que se haga.

Puede ser que se genere una confusión breve cuando se compara con un rollo de canela, la que desaparece de inmediato porque no lleva canela. Mas los de Cocorotico siempre son despachados calientes y tienen el punto justo entre el melado del papelón y el salado del queso criollo. Quien ha comido uno de allí y luego otro en otra parte del país aprende la diferencia.

Lamentablemente, los siguientes son dos productos de la misma panadería cuya receta quizás esté absolutamente perdida. Porque en la ya desaparecida panadería “La Estrella” de don Teolindo, el pan salado no era pan francés, era único en todos sus aspectos, en especial porque tenía un toque como de galleta salada o de soda. Muchos lo amaban, había quienes no; pero siempre había una alternativa en sus mostradores: los suspiros, las rebanadas tostadas, el revolcado o los cachitos.

Seguro que en otras ciudades del estado Yaracuy existen otras de estas maravillas culinarias ocultas bajo el velo del anonimato y de la rutina, esperando ser descubiertas por el público masivo, mientras son resguardadas por un panadero humilde, gentil y madrugador que cada tarde acompaña su más preciada obra con un buen café con leche.

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