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jueves, enero 29, 2026
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Luis Tesorero…Literatura artificial

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En la internet ya están presentes un sinnúmero de páginas web y sitios que proporcionan esta nueva literatura, la nacida de la inteligencia artificial y que amenaza con copar todos los espacios donde le den entrada. Ya se pueden encontrar en libros, audiolibros, podcast, videos y revistas relatos escritos por la inteligencia artificial, poesía, guiones de cine, novelas, cuentos, música, chistes y noticias; todos redactados con esta herramienta que, afortunadamente, y por el momento, es fáciles de detectar por sus características más básicas.

Esta neoliteratura del siglo XXI es negligente para realizar el esfuerzo que requiere crear una buena historia, y esto ocurre porque todos sus productos nacen de instrucciones llamadas «prompts» una suerte de recetas en forma de pregunta o texto que se da a la inteligencia artificial para que genere una respuesta en forma de texto, imagen o audio.

Como cualquier instrucción, los «prompts» están limitados en contenido y alcance por las capacidades de respuesta, su receptor y la comprensión, agudeza y talento general del emisor, por lo que la máquina todopoderosa está limitada en sus funciones por la inteligencia de su amo, señor, operador o usuario.

Por esas condiciones, la inteligencia artificial que escribe textos literarios está limitada; en principio, por su naturaleza, a la creación de textos lineales y sin intención; no son capaces de crear historias, contar sagas o inventar una mentira o chisme. Solo pueden mostrar hechos, hacer escenas continuas y describir lo que al personaje principal le esta pasando.

Son incapaces de mostrar lo que otros personajes piensan, traman o sienten; no pueden elaborar esos soliloquios que tanto aportan al descubrimiento de héroes, villanos y antihéroes, que en estas elaboraciones son presentados como planos.

Esas instrucciones obligan a la inteligencia artificial a describir con minuciosidad los más miserables detalles del ambiente en donde se desarrolla la historia; motivada, sobre todo, por la urgente necesidad de generar caracteres y rellenar espacios de la trama que de otra forma quedarían como esqueleto vacío.

La pista más importante para descubrir una de estas historias de plástico es la total inexistencia de un clímax o punto de decisión del héroe o de un giro argumental; están llenos de héroes sin viaje, de personajes sin transformación y repletos de finales sin moraleja.

Si el título de la historia es “La llegada del perro negro”, se tiene por seguro que el can llegará, será de color azabache sin lugar a dudas y que durante dos horas de relato o ciento veinte páginas de historia nada de lo que ocurra hará pensar al lector que alguno de esos dos hechos cambiará. Y esto es más doloroso en la poesía, en donde los versos se suceden uno tras otro, cada cual con una métrica perfecta, pero sin fondo, como un pastel sin bizcocho ni azúcar.

Es probable, muy probable, hablando en términos estadísticos, que en el futuro inmediato esos defectos sean superados al punto que el programa escuche una buena historia y en base a esa instrucción inicial sea el quien pida las ordenes lógicas para crear sus propios «prompt» y basado en ese pie de hoguera empiece a escribir algo que suene más a novela, poesía o guion cinematográfico.

Tampoco podemos descartar la probabilidad matemática de que eventualmente todas las inteligencias artificiales se reúnan para crear una gran obra como El Quijote de la Mancha o para esclavizar a los humanos.

Leer también: Indígenas y alienígenas

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