La posibilidad de que exista algún tipo de vida más allá de los límites de nuestro sistema de galaxias conocidas y cuyas formas físicas, organización social, estructura de pensamiento, capacidad de razonamiento y moralidad trascienden nuestro conocimiento y percepción de la realidad es, tal vez, una de las incógnitas más persistentes en la mente colectiva de la humanidad desde el inicio de su pensamiento crítico y la búsqueda de la verdad en todas sus formas.
Resulta que esa pregunta tiene una respuesta corta y razonable: sí, sí es posible la existencia de otras formas de vida y el razonamiento matemático puro es la base de tal afirmación. Existen tantos y tantos planetas y otros ambientes donde igualmente la vida, diferente a la que podemos imaginar, puede prosperar, que la posibilidad, aún reducida a un valor cercano al número uno, es la posibilidad cierta, positiva y ponderable.
La certeza de que exista vida alienígena está reforzada por lo dicho por el expresidente de los Estados Unidos Barack Obama, quien el 19 de mayo de 2021 reconoció públicamente la existencia de «imágenes y registros de objetos en los cielos» que exhibían movimientos y trayectorias inexplicables, sugiriendo un vuelo no balístico.
Como refuerzo a la validez de estas declaraciones, ocurrió que durante una conferencia de prensa televisada, el presidente de Rusia Vladimir Putin fue consultado sobre la existencia de extraterrestres, y su respuesta fue una broma al respecto, indicando que se trataba de «información secreta».
Ante el evento de la existencia de vida alienígena, es irremediable que los seres humanos que habitan el planeta Tierra asuman una condición que es consecuencia de su propio razonamiento. Si aquellos son alienígenas, por consecuencia los habitantes del planeta azul pasan a ser indígenas.
Los humanos serán los habitantes originarios, son parte del pueblo y civilización que se asentó en este planeta y son depositarios de su identidad y cultura. Por lo tanto, respecto a esos posibles visitantes venidos de otras galaxias, los habitantes del planeta Tierra son los indígenas.
Despejada la duda sobre su existencia, surge entonces la duda de cuál pudiera ser el aspecto de estos seres. La respuesta es corta. Diferentes. Diferentes desde todo punto de vista. Desde su aspecto, formas de comunicación, costumbres, moralidad y valores. Si nos encuentran, serán tan sorprendidos como nosotros, y si ya nos conocen y desde hace tiempo nos observan, de igual forma estarán sorprendidos por nuestra conducta autodestructiva, eso si acaso nos ven como una civilización.
No existen razones para que, según su escala de valores morales, nos cataloguen como una agrupación de pequeñas colonias caóticas en vías de extinción; en el mejor de los casos; o tal vez nos miren como unos seres simpáticos que quizás tengan buen sabor.
Sin importar su punto de vista, el nuestro será que ellos tienen una tecnología superior que les ha permitido viajar por las galaxias como si fuesen pequeñas aventuras, con medios capaces de soportar las inclemencias de los calores de soles mayores que el nuestro, con medios para explorar atmosferas hechas de ácidos y mil veces más pesadas que la nuestra; sometida a nuestra propia gravedad; y de la misma forma sumergirse en planetas gaseosos mil veces más fríos que las tierras del planeta más alejado de nuestro sol.
Seguramente su percepción del viaje, las distancias y el tiempo sea diferente a la nuestra como consecuencia de sus sistemas y formas de comprender las dimensiones y fuerzas que componen lo que llamamos universo. Lo menos improbable es que tengan algún aspecto humanoide.
De ese encuentro nada se puede predecir, solo se puede especular. Lo único que seguro ocurrirá será la desestabilización del orden mundial establecido en este planeta. Un breve reflejo de esto es la reacción de los pueblos americanos ante la aparición de los pueblos europeos en sus costas.
El malestar social y la ansiedad ante lo desconocido, y la falta de medios para la comprensión del universo y nuestro lugar en él, harán que las líneas de asistencia ante las crisis mentales, la depresión y el pánico se colapsen en pocos minutos.
La certeza en la existencia y la presencia de alienígenas nos llevará a reevaluar nuestras propias estructuras sociales y cosmovisiones; sin dejarnos lugar a dudas de nuestra propia pequeñez y de nuestro lugar como indígenas en esta relación no deseada que podría ser real… o no.
La conclusión lógica es que la humanidad no está preparada para un contacto real con una civilización extraterrestre. Y si esta ocurre, no será una relación de iguales. Lo más probable es que dadas las diferencias tecnológicas los alienígenas nos vean como una curiosa agrupación de medusas sin cerebro peleando por territorios, comida, atención y llenos de la necesidad de aparearnos.
La falta de planes de contingencia preparados por las naciones será decisiva para que los visitantes puedan evaluar nuestra respuesta colectiva, sin maquillaje o prejuicios. Seres con otra tecnología tal vez nos tomen cariño y vean en nosotros a mascotas alocadas, granja de hormigas, habitantes de un terrario, que de forma muy graciosa ponen en peligro su propia existencia en cada segmento de tiempo, de su tiempo.
Lo cierto es que ellos no nos verán como lo que somos, sin medias tintas, y harán su mejor intento por comprendernos. Y todo lo que pueda salir mal ocurrirá en el peor momento posible. Para tener una idea de qué significa esto último, solo tenemos que recordar los cientos de veces en que los indígenas de un lugar del planeta Tierra se encontraron con los alienígenas venidos de otra parte del mismo astro, quienes llegaron con otra escala de valores, con otro idioma y mucha, mucha tecnología para viajar, comunicarse y matar.
Sin conocer su escala de valores y formas de pensamientos, sus reacciones ante nuestras reacciones y acciones derivadas de su presencia serán una gran incógnita y todo lo que se diga es y será una especulación que fluctúa entre la fascinación total y una desatención absoluta, pasando por los escenarios esperanzadores y apocalípticos a los que nos tienen acostumbrados la literatura, el cine, la poesía y la religión.
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