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martes, abril 7, 2026
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José Prado…Las mujeres y hombres detrás del dulce guameño

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Caminar por las calles de Guama siempre ha sido una experiencia única para los sentidos, pero hay un aroma particular que se quedó grabado en mí, el papelón derritiéndose en el caldero y el coco rallado perfumando sus calles. No son solo dulces, son piezas de artesanía comestible que definen la identidad de un pueblo.

En cada rincón de este pedazo del Yaracuy, hubo y aún existe, manos valientes y generosas que, entre el calor del fogón y la paciencia del punto exacto, endulzan la vida de generaciones enteras. Estas líneas, estimados lectores, es un homenaje a esos hombres y mujeres que han hecho de la dulcería un arte y de Guama un hogar con sabor al buen postre.

La dulcería en Guama no se aprendía en escuelas, sino en el susurro de las abuelas, madres y en la observación minuciosa frente a su preparación en leña o en la cocina.

Personajes icónicos de nuestra comunidad como Ana Emilia Durán, Justina de Ramírez, Carmen Romero, Rita Sosa, Cruz de González, Paz de López, Petra Sánchez, Omaira Pinto, Adelina de Prado, Petra Lozada, Belén Jayaro, Cristina Liscano, Dilcia Aguiar, Misia Chinita, Misia Constanza, Meche Cordido, Petra Peña, Lionza de Prado, Amelia Prado, Mercedes de Salvatierra, Isabel Camacho, Antero Arteaga, Beatriz López de Loyo, Margot Gravina, Paula Carrillo, Rosa de Unda, Amador López, Sofía Pinto y muchos más, cuyos nombres resuenan cada vez que probamos un rico postre que transforma los ingredientes sencillos en verdaderos tesoros.

La elaboración sigue siendo un ritual, desde la selección de la fruta en su punto exacto hasta el removido constante para que el dulce no se pegue. Esas manos marcadas por el trabajo y el calor no solo vendían o venden un producto, entregaban un pedazo de la historia de cada familia. Son las mismas manos que levantaron hogares y que, con una bandeja de dulces sobre la cabeza, en la cesta o en el zaguán de la casa, unieron a los vecinos en torno a un sabor compartido.

Hoy, cuando la industria parece ganarle terreno a lo artesanal, recordar a nuestras dulceras y dulceros es un acto de resistencia cultural. Guama no sería lo mismo sin evocar aquellos sabores que marcaron nuestras infancias y celebraciones.

Las martinicas y toronjas, las panelas, los cortaditos de leche, el pan de horno, las tortas de cambur, el alfeñique, el quesillo, los arifuques, la amiga, conservas de coco y piña, el capullito, jalea de mango, el majarete, el dulce de leche, tortas de bizcocho, buñuelos, tortas de jojoto, arroz y quesillo, las cocadas, los pocicles, el arroz con coco y más.

Mantener viva esta tradición no solo es cuestión de recetas; es la gratitud hacia quienes han puesto el nombre de nuestro pueblo en alto a través del azúcar, el papelón y el esmero. Que el aroma de sus cocinas siga vivo en cada hogar para que Guama nunca pierda ese dulzor que caracterizan todas estas mujeres y hombres; gracias por su gentilicio y sus productos para el disfrute de su gente y visitantes. Enhorabuena.

Leer también: Guama, tradición y esparcimiento de la mano

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