Caminar por las calles de Guama es transitar por un libro abierto donde cada esquina resguarda una anécdota. Quien recorre la capital del municipio Sucre sabe bien que su grandeza no solo radica en haber sido cuna de ilustres como Carmelo Fernández o cobijo de la infancia del general José Antonio Páez.
La verdadera magia de Guama, aquella que se respira bajo la sombra protectora de su legendario samán, habita en su gente cotidiana. En esos personajes populares que, sin pretender figurar en los libros de texto, se convirtieron en patrimonio vivo, afectivo y referente obligado de generaciones.
Hablar de la memoria popular guameña es rendir tributo a la labor de artesanos como los hermanos Jayaro Luis Ramón, Napoleón y Rafael Antonio, quienes convirtieron la cestería en un lenguaje propio y en sustento de identidad. De sus manos curtidas salieron los tejidos que identificaron al pueblo dentro y fuera de sus fronteras.
Asimismo, la musicalidad guameña encontró refugio en maestros como Pedro Pablo Caldera, los Naranjos, los Arriechi o en Antonio Sánchez, el «Poeta Campesino», cuyos versos y décimas retrataron la faena diaria del campo y las tradiciones del pueblo con la sencillez de los grandes sabios.
El anecdotario del pueblo está repleto de nombres entrañables que basta pronunciar para sacar una sonrisa o invocar un recuerdo. ¿Quién en Guama no escuchó nombrar las vivencias y ocurrencias de figuras como «El Chemeco», Cruz Duba, «Pura Vida», «Patica», «Chifuque», Julio «Tota», «Colao», «Chingo» Herminio, «El Manteco», Jonás, Eliberio, «El Duende», «Cuero ‘e Gallo», «El Murciélago», «Toro Sentado», «Piolín», «Mello», «Capitán» Hernández, «La Canena», «Camaleón», Luis Garay, «Ñeco».
Otilio, «Pajarito», «Quiriba», «Chucho» Giménez, Venicio Parada, Elio Escorche, Petrica Moreno, «El Tatareto», Juan Guevara, «Simonsipli», Abilio Mujica, Juan Román, «Mono» Manuel, Raúl Avendaño, Genaro Mendoza, Vidal, Manuel «El Judas», «Guaruca», «El Viejo» Omar, «Cantalero», «Goyo» Pinto, Ricardo Pinto, «Toto» Jayaro, don Julián, «Mencho», Melquiades, Ambrosio, Saturnino, «Capitán» Andrade, Luis Giménez, «Vale Jé, «El Guayoyo» y muchos más?
Estos personajes de la vida diaria, los de la bodega de la esquina, los hacedores de mil oficios. Ellos le daban color a las tardes guameñas frente al samán, donde la tertulia era el periódico del día y el punto de encuentro de la comunidad.
Tampoco se puede olvidar la sabiduría de Casilda Colmenares, Petra Loyo o Matilde Parra, quienes con sus remedios caseros, sus consejos y su presencia matriarcal guiaron a más de una generación de coterráneos.
Rescatar la estampa de los personajes populares de mi pueblo es un ejercicio de resistencia cultural. Ellos no necesitan estatuas ni placas; su monumento está construido en el afecto de su gente, en la memoria colectiva que se transmite de abuelos a nietos. Porque la historia con «H» mayúscula la escriben las batallas, pero la historia del corazón, la que realmente nos pertenece, la escriben nuestros personajes populares. Enhorabuena.
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