Las fiestas patronales de Guama no son solo una fecha en el calendario ordinario; son el fuerte latido del municipio Sucre año tras año. Cuando llega el momento de rendir honor a la Virgen del Rosario, su iglesia se transforma en el escenario vibrante de fe y celebración de las tradiciones que definen con orgullo haber nacido en estas tierras.
La devoción por la Virgen no nació de la casualidad, sino del fervor de un pueblo que entrelazó su historia colonial con la espiritualidad de cada habitante. Aunque la fundación formal de San José de Guama se remonta por los años 1665-1670 aproximadamente, según el Dr. Ramón Avendaño, la veneración a la Virgen del Rosario se consolidó como el pilar espiritual del municipio con el paso de cada generación.
Cuenta la tradición local que el fervor patronal se fortaleció desde principios del siglo XX, marcado por la llegada y arraigo de la sagrada imagen de la Santísima Virgen al templo parroquial, hoy con su figura recién remozada en su totalidad.
Aquel acontecimiento religioso trascendió lo espiritual para convertirse en un hito de identidad; los antiguos pobladores comenzaron a consagrar cada mes de octubre a la oración, pero también al encuentro social. Lo que en sus inicios comenzó como una serie de novenarios y procesiones sencillas, cada década se fue enriqueciendo con expresiones folklóricas, culturales, sociales y deportivas, dando inicio a las festividades sin perder jamás la esencia de la fe originaria.
Desde el amanecer, cada 7 de octubre, el repique de campanas, cohetes y serenata anuncian el inicio de las festividades religiosas. La devoción popular se desborda en el templo parroquial, donde habitantes y visitantes se unen en una sola voz para rendir tributo a la santa patrona. La procesión, oraciones y cánticos iluminan el recorrido trazado por las calles adornadas de múltiples colores; recuerdan que la fe en Guama se vive con fervor de su pueblo.
Hoy, Guama, golpeada por los embates de la naturaleza y una gestión pública negativa, presenta un deterioro de sus principales puentes y del emblemático río, por el saque indiscriminado de la arena. Pedimos a la Virgen del Rosario que ilumine el renacer y cuidado del terruño; que cada esquina con sus anécdotas y hospitalidad de cada habitante permita convertir a Guama de nuevo en la piedra angular de la geografía yaracuyana.
Así que, mis estimados lectores, celebrar las fiestas patronales de Guama cada mes de octubre es renovar nuestro compromiso con la identidad local. Es recordar de dónde venimos, rendir homenaje a los antepasados que moldearon estas costumbres y proyectar hacia el futuro un pueblo que sabe mantener viva la llama de sus tradiciones.
Que el repique de las campanas de la iglesia se escuche en todo Yaracuy para que se sepa que Guama está de fiesta. Salve, Virgen del Rosario, pedimos por nuestro pueblo; bendícelo y protégelo de todo mal que lo acecha. Felicidades al pueblo en su día de fiesta, tradición y fe. Enhorabuena.
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