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viernes, febrero 6, 2026
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Ismael Montoya…La verdad hoy

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La verdad es un concepto que ha estado dando vueltas en el mundo en todas las épocas y ha sido causa de grandes disputas entre los intelectuales más destacados de todas las civilizaciones y en todos los países cultos.

Entonces, nuestro Señor Jesucristo decidió que él enseñaría su muy importante verdad, y para esto encarnó este concepto en su propia persona: ¡Yo soy el camino, la verdad y la vida! Un día, hizo levantarse de madrugada a todos sus apóstoles y les dijo: “Mi misión consiste en llevar mi buena nueva hasta el último rincón de la Tierra a través de ustedes, mis discípulos, y de todos los cristianos de todos los tiempos; por lo tanto, id y enseñad a toda la gente, mostrándoles cómo cumplir todo cuanto os he transmitido”.

El libro «Hechos de los Apóstoles» narra muchos aspectos de aquella primera época de la evangelización. En esos días, San Pedro habló de la divinidad de Jesucristo, su muerte redentora y su resurrección gloriosa, citando al profeta Isaías y exclamando con entusiasmo: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la buena nueva! Y hoy podemos decir con mucha responsabilidad que evangelizar no es para nosotros un motivo de gloria, porque es un deber que nos incumbe y ¡ay de mí si no evangelizara!

San Juan Crisóstomo, contesta las posibles disculpas ante esta obligación: “Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe por la salvación de los demás”. No digas “no puedo ayudarte”, pues si eres cristiano de verdad, es imposible que no lo puedas hacer porque «es más fácil que el sol no luzca ni caliente, a que deje de dar luz un cristiano».

Examinémonos, ¿Nos urge el apostolado como exigencia de nuestra vocación, sentimos la misma responsabilidad que aquellos primeros? La necesidad de hoy no es menor que esa. El apostolado o proselitismo nace del convencimiento de poseer la verdad y el amor, la verdad salvadora: único amor que colma las ansias de un corazón siempre insatisfecho.

Si se pierde esta certeza, no se encontrará sentido a la difusión de la fe. Y se ha llegado a pensar que no es posible influir en los no cristianos—ante leyes en favor del divorcio y del aborto—apoyemos.

Leyes rectas, conforme al querer divino, porque la misión apostólica se convierte en una mera acción social para promover a pueblos olvidados en vez de darles ese tesoro importantísimo que es la fe en Jesucristo, la vida de gracia. Son cristianos con una fe débil que se han olvidado de que la verdad es una, que hace más humanos a los pueblos, es camino hacia el cielo, y la santidad no es un privilegio de unos pocos.

Ahora la fe es la verdad que ilumina nuestra razón, quita errores y sana heridas, herencias del pecado original, desviándonos del camino y haciéndonos perder el valor de conceptos más importantes como el origen del mundo y de la vida, la dignidad de la persona humana, la importancia de la familia.

El Papa Paulo VI deja claro que estas verdades están fundadas en la palabra de Dios y no en la ciencia humana, actitud que no es soberbia, sino que nos hace fuertes y valientes para defenderla. San Agustín nos recuerda: ¡Estad orgullosos de esta verdad!

Recibir la fe es una gran responsabilidad, este tesoro no es un fanatismo, es amor a la verdad. Coherencia entre pensamiento y vida. La verdad no tiene términos medios, y el amor sacrificado no admite rebajas ni objeto de compromisos ¡Condición o fidelidad a la doctrina! aunque sea difícil de cumplir o exija cumplimiento heroico o lleno de fortaleza, no se puede pretender agradar a todos, disminuyendo las exigencias del Evangelio.

Leer también:Sal y luz para hoy

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