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viernes, enero 9, 2026
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Ismael Montoya…Fidelidad a la gracia

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Muy queridos amigos yaracuyanos: 1-San Marcos reconoció una parábola en que el Señor habló de la semilla sembrada en la tierra, y que ya en la tierra, crece con independencia del dueño de ese campo, cuando duerma o haga otras cosas y sin que sepa cómo se produce.

Amigos, así es la semilla de la gracia que cae en las almas: si no ponemos obstáculos, si se le permite crecer, da su fruto sin falta, independientemente de quién la siembre o la riegue, sino de Dios que da el incremento.

La doctrina de Cristo es muy clara y tiene una fecundidad propia e infinita, y Cristo la muestra en nuestra vida interior llenándola de esperanza, y si nosotros no la impedimos, realizará en nuestra alma una honda transformación, incluso mientras dormimos, como en la oración, grandes resoluciones de fidelidad, entrega y correspondencia.

Y como en nuestro cuerpo, como en nuestros pulmones, se necesita oxígeno para renovar la sangre, quien no respira acaba por morir de asfixia; quien no reciba con docilidad la gracia de Dios morirá de asfixia espiritual.

Recibir la gracia es empeñarnos en cumplir aquello que el Espíritu Santo nos sugiere en nuestro corazón. Cumplir los deberes, los compromisos con Dios, alcanzar una meta en nuestras virtudes, luchar con decisión y alcanzar y vencer una contrariedad difícil de lograr, recordando los consejos recibidos en la dirección espiritual.

2- La docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo es muy necesaria para conservar la vida de la gracia y lograr frutos sobrenaturales.

La parábola que vimos al inicio de esta meditación nos indica que la semilla plantada en nuestro corazón nos da fuerza para conservar y dar frutos por la vida de la gracia, solo que es necesario conservar y acogerla para captar las oportunidades que Dios nos ofrezca, y hay que estar atento porque la bestia miserable tratará de llevarse las oportunidades que Dios nos dé y que no usemos.
Por eso es necesario vivir una pequeña mortificación: guardar los instrumentos de trabajo ordenados. Recurrir a la confesión con examen de conciencia y meditar sobre la voluntad de Dios para nosotros, vivir ese minuto heroico para levantarnos con exactitud el día ya previsto.

Ahora, el Espíritu Santo nos da innumerables gracias para evitar el pecado y también el pecado venial deliberado y esas faltas que desagradan a Dios. Entonces, si somos fieles a las ayudas recibidas, desde la mañana a la noche, veremos que el día terminará lleno de actos de amor a Dios y al prójimo.

Y como nos dice el mismo Señor Jesús: «Al que tiene se le dará». Cada día es un regalo de Dios, porque es bien distinto hacer las cosas por amor y para el amor.

3- El hombre echó la semilla a la tierra cuando forma en su corazón un buen propósito. La semilla creció sin que él se diera cuenta, y esta virtud camina a la perfección y la tierra fructifica, porque con la ayuda de la gracia, el alma del hombre se levanta a obrar el bien. Pero la tierra produce primero el trigo en hierba, después en espiga y después finalmente produce la espiga en Trigo.

La vida interior nuestra, necesita tiempo, madura como el trigo en el campo apareciendo después.
La fidelidad a los impulsos que el Señor desea darnos, también se manifiesta en evitar el desaliento por nuestras faltas y la impaciencia que cuesta llevar a término y profundidad la oración para desarraigar un defecto o recordar las oportunidades de nuestro Señor, mientras trabajamos.

Leer también: Actitud serena ante las dificultades

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