Gracias por estar; incluso sin preguntar, es la manifestación más grandiosa, hermosa y humana, aquella que va y viene en la eterna procesión de la amistad.
Muchos se precian de tenerlos, ostentándolos con orgullo, sintiéndose afortunados; algunos los tuvieron y no supieron retenerlos y conservarlos, unos pocos y tal vez contados lograron cautivarlos y conservarlos desde sus años mozos, y al jactarse de tenerlos los han querido y apreciado de verdad, viéndolos crecer, multiplicarse y desaparecer luego, dejando bellos y perdurables recuerdos; son los verdaderos amigos.
En esa permanente procesión por la vida, desde los días de la escuela, hemos tenido conocidos, amigos casuales, amigos íntimos y amigos de toda la vida, los que llamamos los verdaderos amigos.
Los verdaderos amigos son la familia elegida, caracterizada por la lealtad incondicional y la presencia en los peores momentos. Esos amigos tienen una particularidad: aparecen cuando menos se les llama; con ellos no es necesario ocultar defectos ni aparentar virtudes, son personas con las que se puede ser vulnerable y auténtico. La amistad no desaparece con el paso del tiempo o la lejanía; al reincorporarse, la conexión sigue intacta, como si no hubiese pasado nada.
Para ellos, los buenos amigos, no hay lugar, ni hora, ni día donde no puedan acudir presto y solícito cuando su amigo así lo requiere; acuden ante un llamado o un mensaje urgente que requiere su presencia.
A tal efecto, un ejemplo, una vivencia, sorprende por su singularidad: un amigo varado en medio de la noche en carretera, al no encontrar quién lo auxilie, llama a su par, le solicita gasolina; presto le responde, va y le lleva el carburante… una prueba de lealtad se ha escenificado… ¡El ejemplo cunde y se extiende! Cuando todos se van y escurren el bulto, él permanece ofreciendo apoyo incondicional, lealtad y generosidad sin objetar; más que un compañero, es un refugio en el dolor, capaz de decir la verdad con amor y valorar virtudes pasando por alto defectos.
Un verdadero amigo posee tres cualidades que lo hacen único e irremplazable: empatía, confianza y respeto mutuo, cualidades difíciles de encontrar.Cuando la amistad toma cuerpo y forma en un amigo, en él se encriptan para siempre el respeto, la empatía, la solidaridad, la tolerancia, el perdón, la confianza, el compromiso y la generosidad.
En la Venezuela heroica, importan mucho los verdaderos amigos, los que actúan como una familia elegida que brinda refugio y fuerza fundamental para la supervivencia emocional y social.
Y hoy por hoy, en la Venezuela en crisis, los verdaderos amigos actúan como una red de apoyo fundamental, priorizando la lealtad, la empatía y la resiliencia emocional para superar adversidades juntos. Ellos, ante la crisis, no abandonan, sino que se revelan, demostrando que la amistad auténtica persiste a pesar de las dificultades, ayudando a mitigar la soledad y la incertidumbre, actuando como refugio en situaciones estresantes, no juzgan, no critican, aceptan las vicisitudes y defectos del par, lo que favorece la autocrítica y la resiliencia en un entorno hostil.
A pesar de la situación país, la verdadera amistad se basa en un equilibrio de dar y recibir, donde ambas partes se apoyan mutuamente controlando la toxicidad. Grandes pensadores han idealizado a los verdaderos amigos cual si fueran brasas, y al hacerlo señalan: “Las brasas, los amigos de verdad, los que siguen encendidos cuando todo lo demás se apaga, porque hay amistades que arden, no hacen ruido, pero sostienen el calor, las que se quedan cerca en los días buenos y en los días malos en todas las estaciones de la vida, porque hay amistades que arden un rato, mientras otras se consumen rápido, pero las que de verdad importan son las que permanecen como brasas.
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