* Brújula zurda: La izquierda global no ha perdido el rumbo; al contrario, ahora muestra su esencia sin disimulo alguno, lo cual produce un completo decálogo del paroxismo de la contradicción como ideología. En varios países existe una lucha para eliminar el uso de determinadas prendas femeninas, lo cual —según se argumenta—, en el caso del burka, se justifica por razones religiosas, aunque en realidad se trate de una imposición. Sin embargo, el feminismo en su versión zurda y progre califica eso de “islamofobia”. Sería, pues, como defender el derecho de la mujer a ser dominada por motivos religiosos o culturales. En otras palabras, que una mujer decida cómo y por qué vestirse es “patriarcado”, pero que le impongan cubrir su rostro o seguir ciertas costumbres es “empoderamiento”. A propósito de las protestas en Irán, gobernado por una teocracia, la izquierda global calla, no solo ante el caso de las mujeres, sino frente a todas las atrocidades del régimen. Al mismo tiempo, surgen pruebas del financiamiento iraní a diversos movimientos políticos y universidades en Occidente, como el partido Podemos en España o la Universidad Autónoma de México. ¿Se entiende el punto? La izquierda defiende derechos sin importar lo absurdo; lo discutible es el precio.
* Chévere: Donald Trump habló con Delcy Rodríguez y, en resumen, dijo que era muy chévere. En una posterior declaración pública, la presidente Rodríguez afirmó, palabras más o menos, que Trump le parecía aún más chévere. Parece que las cosas entre Estados Unidos y Venezuela van bien, pese a lo dicho en otros momentos y a los eventos del 3 de enero del presente año. Llegué a pensar, equivocadamente, que las relaciones entre ambas naciones, tradicionalmente aliadas, se deteriorarían por completo; sin embargo, no ha sido así, lo que hace prever un futuro chévere para ambas. Tal como vamos, no sería raro ver nuevos lemas en el Gobierno, y sin duda “Make Venezuela Great Again” destacaría sobre cualquier otro. Celebro sinceramente que los mandatarios mantengan una buena relación diplomática y que, más allá de aplausos en redes sociales, veamos pronto los cambios que demanda la población venezolana, sobre todo en cuanto a calidad de vida. Veo la cosa chévere.
* Vacíos: Muchos comunicadores —que en realidad son proselitistas o activistas del oficialismo— se inmolan en redes sociales publicando contenidos diseñados para generar tendencias favorables a la causa de Maduro. Cada quien, en ejercicio de su libertad de acción, pensamiento y opinión, puede apoyar la causa que prefiera, pero una cosa es eso y otra muy distinta es informar imparcialmente, o pretender que de opiniones o consignas contradictorias surja una corriente masiva de apoyo. En el oficialismo prevalece la falsa creencia de que pueden dominar tendencias informativas mediante bots, hashtags o manipulaciones del discurso y de los hechos, al ver posicionadas las frases impuestas como tarea. Pero eso es un espejismo. Ese deficiente manejo comunicacional explica por qué el discurso oficialista, en distintos escenarios, resulta tan débil, rebatible y carente de credibilidad entre la población. Mientras no haya un análisis crudo y realista de los errores de estrategia, seguirán repitiéndolos y obteniendo los mismos resultados.
* X: Desde la propia presidente Delcy Rodríguez hasta Diosdado Cabello han anunciado su regreso a la red social X (antes Twitter), algo que considero positivo desde todo punto de vista. Lo que no resulta razonable es la falta de acceso pleno a dicha plataforma, restringido desde agosto del año pasado bajo el pretexto de combatir la desinformación. Las noticias falsas, las fake news, las posverdades y la manipulación de la realidad solo se derrotan con más verdad, información y libertad, no con censura. La censura siempre termina volviéndose contra sus promotores. Ya lo analizaremos el lunes.
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