
“La Navidad no es para recibir, es para regalar”
Ha sido preparado minuciosamente cuidando de no olvidar algún detalle. En su confección se han incluido los detalles más relevantes, aquellos que pasaron a formar parte de las historias pasadas, porque el mañana es incierto, y el presente es el regalo que te da la vida expresado en el sublime acto de obsequiar.
Durante largo rato se fueron hilvanando con vigorosas fibras de amor, ternura y pasión uno a uno los componente hasta darle forma. Por fuera lucen espléndidos, denotan su presencia con sus relucientes colores. En su empaque finamente confeccionado, cual traje hecho a la medida destacan el rojo, el amarillo y el verde de las cintas navideñas que lo envuelven. Nunca antes, otros regalos lo superaron en belleza y contenido.
Las colas en su espera lucen interminables, todos lo desean, llegan con el espíritu de la Navidad y se quedan encofrados e invisibles como el más grande tesoro, llegaron para quedarse.
Al abrirlos, de ella emanan, cual fugaz nube viajera, los aromas, las fragancias, las emociones y los recuerdos de amor y afectos cuyo lenguaje casi imperceptible solo tú puedes descifrar.
Allí, de modo real o virtual, están presentes tus padres, gestores de la vida que hoy ostentas. Siente su presencia en cada lugar, en cada momento, ellos también sonreirán al igual que tú, recordándote. Allí están presentes tus primeros amigos, los que hiciste en tus primeros años y aún perduran, y en los que llegaron después.
Han compartido y disfrutado tus triunfos, y también te han acompañado y sufrido en tus reveses o fracasos, pero están allí. Si estás cerca, no dejes de visitarlos y renovar su amistad. Si estás lejos, no hay excusa para no saber de ellos, el poder comunicacional está en tus manos, un mensaje, un video, una tarjeta llevará tú imagen y tú recuerdo a su hogar. Y muy cerca de ti, pero distanciados, aquellos amigos que se perdieron y que hoy intentarás hacerlos nuevamente, tu nuevo y mejor amigo, ¡recupéralo¡
Allí también, prioritariamente, están tus hijos, tu más grande tesoro, emocionante. No todos han tenido la dicha de ser padres, los buenos padres se forjaron y crecieron bajo el cobijo paternal, y ya hechos hombres cada uno tomó su camino y hoy te sientes grande y realizado, evocando los momentos familiares compartidos.
Si estás cerca o estás lejos, hoy es buen momento para estrechar mucho más los lazos familiares. Al recordarlos, ellos también harán lo mismo y comulgaran contigo, compartiendo los momentos más sublimes vividos en el seno del hogar
Y, muy cerca, tan cerca que escucharás los gritos de felicidad, están tus vecinos, aquellos que como tú alentaron proyectos para el “buen vivir”. Date un buen saludo y porqué no un buen abrazo por Navidad, será el momento ideal para olvidar y dar por zanjado cualquier disputa, cualquier malentendido que haya hecho mella en las relaciones de buena vecindad.
Valora el pensamiento que reza: “Un buen vecino es tu mejor aliado”. Cuando avives estos recuerdos solo entonces sentirás que te has desprendido del lastre que te aterra, dando paso a los momentos de gozo y regocijo que quizás ningún regalo material te proporcione hoy y siempre.
Siente la satisfacción del que da, y la sonrisa agradecida del que recibe en esta Navidad; sumérgete en la contemplación de los instantes más sublimes y hermosos, aquellos que has disfrutado plenamente en compañía de tus familiares más cercanos y que hoy añoras, revisando hoja a hoja aquel viejo álbum que te transportará a un pasado de dicha y alegría.