Síntomas como dolor de cabeza repentino e intenso, pérdida de fuerza, alteraciones del habla o trastornos de visión alertan sobre una emergencia cerebrovascular, que debe ser atendida de manera inmediata en centros especializados para mejorar el pronóstico de recuperación
Un Accidente Cerebrovascular (ACV) ocurre cuando se interrumpe súbitamente el flujo sanguíneo hacia una zona del cerebro, por lo cual este deja de recibir oxígeno y nutrientes. Puede ser de tipo isquémico, cuando una arteria se obstruye por un trombo o un émbolo, o hemorrágico, cuando se produce la ruptura de un vaso sanguíneo.
Ambos casos representan una emergencia médica. En el marco del Día Mundial del ACV (29 de octubre), los especialistas resaltan la importancia de la prevención y la atención médica inmediata para favorecer la recuperación de la persona afectada.
Jonathan Camacho, neurólogo vascular y especialista en neurointervencionismo del Grupo Médico Santa Paula (GMSP), señaló que ante un ACV “cada hora y cada minuto cuenta, mientras más rápido se reciba atención, menor es el riesgo de secuelas y mejor el pronóstico. Se sabe que cada minuto sin oxígeno mueren más de 4 millones de neuronas”.
De acuerdo con el especialista, las señales de alerta ante las que hay que actuar de inmediato son la aparición súbita de: pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo o en una extremidad, vértigo o dolor de cabeza (cefalea) de fuerte intensidad, dificultad para articular el habla, disminución repentina de la visión por un ojo o visión doble e inestabilidad para caminar.
Factores de riesgo y prevención
Aunque existen elementos no modificables como la edad, el sexo y los antecedentes familiares, el especialista destaca la importancia de controlar aquellos sobre los que sí es posible intervenir: hipertensión arterial, diabetes, colesterol y triglicéridos elevados, tabaquismo y ciertas enfermedades cardíacas. Además, advierte sobre el incremento en la incidencia de ACV en personas jóvenes debido al consumo de drogas ilícitas.
“El mejor ACV es el que no se presenta. Para prevenirlos se recomienda llevar un estilo de vida saludable: reducir las grasas saturadas e incrementar el consumo de vegetales y frutas (dieta tipo mediterránea), dejar de fumar, realizar actividad física regular, mantener un peso adecuado, realizarse chequeos médicos anuales y garantizar un buen descanso nocturno”, señaló Camacho.
Procedimientos especializados y tratamiento oportuno
Ante un ACV, el primer paso del protocolo médico es la realización de estudios de imagen, como una angiotomografía para determinar si se trata de un evento isquémico o hemorrágico y precisar el vaso ocluido. Si el diagnóstico es isquémico existen dos alternativas terapéuticas principales:
Trombólisis intravenosa: administración de un medicamento (fribrinolítico) para disolver el coágulo. Según los protocolos, suele aplicarse entre las 4 y 9 horas posteriores al evento, y hasta 24 horas si los estudios de imagen confirman la presencia de tejido salvable.
Trombectomía mecánica: procedimiento mínimamente invasivo que permite la extracción del coágulo dentro de las primeras 24 horas. Se realiza una aspiración del bloqueo o se coloca un stent (malla metálica) para reestablecer la circulación.

Superada la fase aguda, un equipo multidisciplinario inicia la investigación de la causa raíz del evento y, de forma simultánea, se da paso a la rehabilitación neurológica (fisioterapia, terapia ocupacional y logopedia) para recuperar las funciones afectadas.
Atención de emergencias cerebrovasculares
El especialista Jonathan Camacho enfatiza en dos aspectos claves tras identificar las señales de alerta: acudir de inmediato a un centro de salud y asegurarse de que este cuente con protocolos de atención estandarizados a nivel internacional, factores determinantes para el éxito del tratamiento.
Ante la sospecha de un ACV, la rapidez es vital, en tal sentido se recomienda acudir, de ser posible, a un centro médico que cuente con una infraestructura integral operativa las 24 horas, equipada con tecnología de punta y terapia intensiva para realizar los estudios necesarios y brindar atención médica inmediata.
El abordaje diagnóstico debe incluir: tomografía computarizada: mediante tomógrafo multicorte de 128 secciones, capaz de realizar tomografías cerebrales y angiotomografías de alta precisión en segundos; resonancia magnética cerebral: con resonador de 1,5 teslas para guiar el tratamiento; eco doppler carotídeo: para evaluar posibles obstrucciones en las arterias carótidas; angiografía cerebral: para valorar el estado de los vasos sanguíneos cerebrales; electrocardiograma y ecocardiograma: para detectar alteraciones cardíacas generadoras de coágulos, como la fibrilación auricular y pruebas de laboratorio: exámenes de sangre para evaluar glucemia, perfil lipídico y otros factores de riesgo.



