spot_img
lunes, octubre 12, 2026
InicioOpiniónHumberto Peinado Vila...SOS: la generación de la indiferencia

Humberto Peinado Vila…SOS: la generación de la indiferencia

Transitando por estas calles en busca de los afectos, de esos que se fueron de eternas vacaciones, me he subido a un medio de transporte masivo en la ciudad de Bogotá colmado de apurados usuarios que pugnan por entrar; entra y sale gente con la prisa por delante.

Ya mayor, ingreso con dificultad, pues, como en la Caracas del Metro, todos pujan por entrar primero; aquel eslogan “dejar salir es entrar más rápido” no funciona, y ya instalado en el vagón, apretujado, me agarro fuertemente de los asideros dispuestos. Me encuentro con la generación del celular, la de los aislantes audífonos que los distinguen, la de la indiferencia donde todo les huele y nada les sabe.

Cabizbajos, absortos, ensimismados están los jóvenes; esa generación de relevo tan distante y a la vez tan esperada luce “idas”, sin una pizca al menos apreciable de conmiseración y de afecto por los mayores. Ha sido fuerte para no caer un anciano de 80 años con bastón, temblando con cada frenada, y a su lado cuatro jóvenes sentados unos al frente de otros, absortos con el cuello doblado sobre el aparato; no es que no los vean, es que aprendieron que no les corresponde.

Antes nos enseñaban: “Cuando se sube un mayor, usted se para y cede el asiento”. No había otra opción, solo acatar; era respeto y hoy nos enseñan “cada cual en lo suyo”, y a poco nos quedamos sin sociedad, esa de los mayores, y ahí la pregunta obligada: ¿en qué momento confundimos libertad con el “no deberle nada a nadie”?

Como ya no leen, como ya no escriben, no entienden y no alcanzan a comprender que el mayor que hoy va de pie, al que no le cedes un asiento, es el que ayer nos cargó, nos enseñó, nos sostuvo el país y, al no ceder y dejarlo de pie, es decirle: «Ya no sirves, ya no importas. No es el celular; el celular es solo la pantalla donde se refugian.

La indiferencia es más vieja, es no mirar al otro, es no oír, no escuchar al que sufre, que casi a gritos silenciosos pide un poquito de atención. Temerariamente nos atrevemos, por ser parte del problema, a lanzar un SOS por la vida, un SOS que se traduce en un pedido para que en la escuela se vuelva a enseñar urbanidad, no como materia vieja y olvidada, sino como ciudadanía.

A los padres, si su hijo no cede un puesto, no es “pena ajena”; es su responsabilidad. A los jóvenes, que levanten la cabeza del celular cinco segundos, miren a su alrededor, vean a alguien que necesita de ellos; ese grito los hará más humanos y menos like. 

Ese anciano que se agarra como puede y unos jóvenes sentados cómodamente, absortos con el celular, y el mayor esperando adolorido que llegue el auxilio, no solo representa una falta de educación; es un síntoma y una señal de que algo no va bien y que la cuestión no es que no vean, es que no sienten que les toca y echan por la borda las esperanzas y el ejemplo que quizás recibieron de sus padres gestores. 

Antes, el respeto al mayor era una norma automática; se cedía  el   puesto sin pensar y, paradójicamente, hoy muchos crecen con  la errónea idea de que “cada cual a lo suyo» y  que ceder es opcional, no un deber. 

El celular no creó la indiferencia, solo le dio cuerpo, les dio donde esconderse, y es que es más fácil mirar la pantalla que mirar a los ojos de alguien que necesita ayuda, y así confundimos la libertad con la desvinculación; afortunadamente, la generación de la indiferencia no es toda la juventud, hay jóvenes maravillosos, pero sí hay una corriente que cree que ser libre es no deberle nada a nadie y ven al mayor como un estorbo, no como lo que es: la memoria viva, el que ya pagó impuestos, crió hijos, hizo al país. Cuando se pierde el respeto, la admiración y el orgullo por quienes construyeron y allanaron el camino por el que hoy transitan, se pierde el respeto al tiempo mismo.

Leer también: Se es feliz al aprender cada día

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Últimas entradas

lo más leído

TE PUEDE INTERESAR