En los últimos años la expresión fuego amigo se utiliza de forma indiscriminada en el ámbito político para hacer referencia, crítica a las acciones y discursos donde políticos del mismo bando, partido equivalente; de la misma tendencia o que parecen igual, pero no lo son; se tienden trampas, se lanzan pullas, hacen declaraciones en contra del otro, retiran apoyos o en el mejor de los casos son quienes descubren tramoyas de corrupción, tráfico de influencias, prevaricato, alejamiento del cumplimiento del deber o chismes sobre las apetencias y tendencias sexuales de sus amigos, copartidarios o compañeros de lucha.
Es paradójico que el fuego amigo, esa expresión, sea la asumida para sintetizar el sentimiento que envuelve tales acciones cuando lo correcto y que en verdad aplica es el término de fratricidio, el que significa muerte dada por alguien a su propio hermano.
Esto es así porque ese fuego amigo siempre proviene de unos y otros que en algún momento de su carrera política se hacen llamar hermanos; consanguíneos, prójimo, correligionario, camarada, compañero, amigo; que después de los disparos por la espalda lo continúan siendo.
Es de suponer que la razón para poner al descubierto a un copartidario, a alguien con quien se comulga en la misma idea, es que se ha dejado corromper o se haya corrompido, o ambas cosas.
Ahora, la forma más sencilla de sacar del camino al estorbo moral que obstaculiza la carretera al éxito político es hacerle una zancadilla desde atrás, desde donde menos se la espera, que caiga y luego pasarle por encima, aprovechando el momento para, a patadas, hundirle la cara en el lodo y la inmundicia.
En la jerga militar, se denomina fuego amigo o fuego aliado a los disparos provenientes del propio bando. Esto suele ocurrir por errores o imprecisiones de la artillería, de las armas de disparo masivo, las minas “impersonales” o fallas en la identificación de los objetivos.
Es decir, casi siempre son errores humanos que ocurren con frecuencia en las guerras, excepto en los casos donde el fuego de los compatriotas sirve para motivar a los indecisos o castigar a los cobardes a seguir avanzando y jamás retroceder; en todo caso asegura que las tropas no regresen, con o sin la victoria.
A la vista de estas dos conceptualizaciones, su valoración moral y del cumplimiento de objetivos, y comparando con su uso en lo social, se puede concluir que, en el caso de los políticos ordinarios, la acción resulta mucho más repugnante por la suma de factores que implica, como la traición, el abuso, la cobardía, la alevosía, la perfidia e ingratitud hacia quien les dio el trato fraterno. Por lo anterior, resulta un eufemismo usar el término fuego amigo en lo político, pues el fuego amigo en esencia esconde un accidente o la búsqueda de la victoria como propósito militar y colectivo.
En consecuencia, lo adecuado, ante la traición política, es denominar a estas acciones como fratricidio. Aun cuando para describir esas acciones internas dentro de un partido o tendencia ideológica, donde un político expone las faltas o la corrupción de un copartidario, se percibe como más acertado, menos severo llamarlo con la figura lingüística de “puñalada trapera” por la espalda.
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