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viernes, enero 30, 2026
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Humberto Peinado Vila…Enemigo al acecho

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Todos los varones la llevan consigo cual marca indeleble y como testimonio de su singular presencia al ser complemento artífice de la vida que llevamos los seres humanos. Sin su presencia, la vida tal como la conocemos no sería posible y, sin embargo, ya en la etapa de la madurez tratamos de ocultarla; su presencia nos asusta y nos atemoriza al saber que entrados los años su poder se hará evidente, no para darnos confort y alegría, sino todo lo contrario, para causarnos incomodidad.

No podemos escapar a su maligno embrujo y a su arrollador crecimiento; tarde que temprano nos alcanzará y nos postrará a sus pies, y en tanto, no hacemos gran cosa por comprender la trascendencia de conocer su indeseable impacto.

Nos ha acompañado desde el principio de los tiempos, no habiendo forma ni manera de eludirla, pero sí de minimizarla y controlar su avance; en algunos casos llegará temprano y en otros, ya entrados los años.

Hemos hecho caso omiso a sus señales, a sus síntomas y a su inoportuno e indeseado crecimiento; hemos fallado al no educarnos sobre ella, hemos rehuido hablar de ella, siendo un tema motivo de veto en reuniones; todos saben de su presencia, pero temen mencionarla pese a que algunos la padecen, ¡gran pecado!

Mientras su cauce permanezca limpio y despejado y sus afluentes corran sin dificultad ni impedimento, su acción estará controlada, y solo cuando su cauce se estreche y sus fluidos enlentezcan, su avance aparecerá a veces en forma cautelosa y en otros agresiva, provocando disminución del calibre y pérdida de fuerza dando así inicio a un serio deterioro.

Por generaciones su existencia ha tratado de mantenerse oculta, solo haciéndose visible cuando su crecimiento cual caudaloso río se torna inocultable; se la ha tratado de reducir a su mínima expresión por todos los medios posibles no convencionales, desde el uso de pañitos tibios, ungüentos, pócimas, jarabes hasta recurrir al uso de medios esotéricos buscando alivio y mejoras en procura de bienestar y, no obstante, su trascendencia e influencia sobre la vida, nunca ha sido un tema de conversación favorito entre amigos y familiares, el miedo a lo desconocido te congela, hay que atreverse al descubrirlo a tiempo.

Solemos mantener esta delicada condición como un asunto privado, como un secreto a voces, y lo cierto es que hay que “pararle bolas”, pues se constituye en una condición fundamental para resguardar, asegurar y proteger la vida.

Para soportarlo y sobrellevarlo, es preciso tener el coraje y la valentía suficiente para ahuyentarlo, hay que reconocerlo para poder frenarlo a tiempo, hay que contarlo, hay que hablar de él, para que otros se enteren de que esta condición se está llevando la vida, y que es prioritario vencer la vergüenza o la timidez acercándote a la vida.

Una sentida reflexión da cuenta de sentimientos encontrados que tocan el alma y predisponen al cambio de actitud con respecto a este terrible enemigo, veámoslo: “mira las cosas que te vas a perder, no vas a conocer a tus nietos, no vas a ver graduarse a tus hijos en la universidad, no vas a ver sus logros en su trabajo», y lo que más miedo da, es no estar para ellos.

Este episodio del drama de la vida sigue rodeado de mitos, incomodidades y, en muchos casos, silencio. En un acto de amor propio, no hay que pensar en ti, sino también en quienes te rodean, tú familia, tus amigos, todos esos que quieren verte sano y feliz, no solo te da años de vida, sino calidad de vida.

No hay que permitir que los mitos, el miedo y los temores se interpongan en el cuidado de lo más valioso, tú salud. Hay que convertir la prevención en un hábito, regalándote más momentos, más sonrisas y más tranquilidad, Ten una vida plena y libre de preocupaciones.

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