Al gran “Chavo”, melómano de alto quilate, volando más alto que el infinito, en Guama. “He sido chulo, vividor, maleante, borracho, mujeriego, marihuanero, convicto… lo que nunca he sido es traidor a mi país”, Daniel Santos
De Daniel Santos, “El Inquieto Anacobero”, se han escrito algunas que otras páginas memorables, sobre todo de aquellos que no entendieron su irreductible nacionalismo por el pueblo borincano, su bohemia militante, su vida tumultuosa, su canto sonoro. Y recuerdo aquel programa de Horangel y los Doce del Signo, que tuvieron con él en la pantalla chica venezolana aquella noche memorable. Recordamos como si fuera hoy que uno de los invitados a ese programa de Horangel, el músico Rolando La Serie, más que preguntando, reclamando, espetó a Daniel: “Usted ha sido chulo, marihuanero, vividor, maleante, borracho, ha estado preso, es mujeriego… ¿Cuándo va a cambiar?”.
a respuesta de Daniel Santos, memorable. Para soltarla con irreverencia, se volteó hacia el cubano exiliado: “Es verdad, he sido chulo, vividor, maleante, borracho, marihuanero… lo que nunca he sido es traidor a mi país”. Y ahí quedó eso, mientras la figura de Rolando La Serie intentaba escurrirse en su silla.
Esa respuesta da una idea de la fuerza en las convicciones de este hombre del que ya no importa la fecha de su nacimiento para recordarlo, cantarlo y contarlo. Tan así es que nuestro inolvidable y siempre necesario escritor y poeta Héctor Mujica alejó de él la proyección musical del Anacobero, para entrar en el territorio personalísimo de la manera de ser y analizarlo desde sus propias palabras, desde sus múltiples entornos, desde sus infinitos afectos y muchos amores.
El itinerario San Juan — Nueva York se repetiría entonces en su vida. Cada viaje fue para Daniel una sorpresa. En uno conoció a Pedro Albizu Campos, el más grande luchador de los nacionalistas e independentistas borincanos; en otro conoció a Pedro Flores, quien al escucharlo cantar lo invitaría de inmediato a formar parte de su grupo. Por todos los melómanos es sabido que Daniel Santos mostró una inclinación casi patológica por las composiciones de Pedro Flores (Don Pedro, el de las Flores, como lo solía llamar nuestro apreciado poeta Jesús Rosas Marcanos).
Comenzó entonces bien la década de los cuarenta para Daniel. Con el cuarteto Flores hizo sus primeras grabaciones. La Guerra Mundial lo sorprendió de la mano de Xavier Cugat, sustituyendo a Miguelito Valdez, el paisaje tomó para él forma de Hawaii.
Con el tiempo se suscitaría una polémica mezquina en torno a quién dio la fama a quién: Si Daniel Santos a la Matancera, o la Matancera a Santos. Esa pregunta bien podría contestarla el hombre que más sabe y más ha analizado el tema Matancero: Enrique Bolívar Navas. Para este periodista, este tipo de análisis comparativo no aporta nada al tema histórico y musical. La Sonora Matancera, sin embargo, fue gloriosa. Antes, con y después de Daniel.
Su amistad con Bobby Capó, su ternura por Davilita, su furia contra los antinacionalistas, su vida de bohemio (Por eso fue llamado Anacobero), su pasión caribeña… Todo entra en páginas y páginas que esperan por ser escritas mil veces… al conjuro de su voz y de ese ejemplo que nunca le gustó a Rolando La Serie.
Gran amigo de los poetas y políticos, actores y actrices de la América Latina; solía escanciar buenos tragos de Whisky en los bares de la República del Este en Sabana Grande con los poetas Salvador Garmendia, Caupolicán Ovalles, “El Chino” Valera Mora, Orlando Araujo, Ludovico Silva, Doris Wells, Elba Escobar, Alicia Plaza, Héctor Mayeston, Come Nunca, Germán Regalado, Moisés Moleiro, Juan Pino, “El Chino” Hung, Víctor Antonioni, Marcelino Madrid, Gualberto Ibarreto y otros más que se van con la página.
Era el 27 de noviembre cuando murió Daniel Santos en los territorios del norte. Venezuela vivía la intensidad de un segundo golpe militar en 1992. Los aviones, las bombas y los gritos en la calle no permitieron a los venezolanos enterarse, hasta bien entrado el día, del fallecimiento del “Inquieto Anacobero”.
Luego todo fue corredera, llanto y música. Cosas del Caribe. Evocado con sus 12 matrimonios encima, con su carga de aguardiente y sus convicciones boricuas. Daniel Santos se convirtió en ese momento en miembro honorario del panteón musical de todos los latinoamericanos.
Como me comentaba el poeta Felipe Rojas en un bar de San Juan Puerto Rico, y sumidos bajo el oro de la cerveza, oíamos en la última rockola la voz ebria y nostálgica de Daniel Santos cantando: Yo no he visto a linda.
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